jueves, 18 de febrero de 2010

PREGÚNTELE AL ENSAYISTA

Los dieciocho textos que conforman este libro apuntan hacia dos temas fundamentales: la teorización sobre el ensayo y algunas pautas para su elaboración. Sin duda es un volumen que presenta una información útil para profesor y estudiantes a quienes, y como parte de una moda actual, se les pide constantemente que realicen un Ensayo. Recuerdo, en este sentido, un artículo del docente Libardo Vargas, titulado “Profesor ¿Un ensayo?” que plantea, de inicio, la forma como la palabra se ha venido manoseando, hasta que termina siendo irreconocible.

Y es que en gran parte del sistema escolar el Ensayo se metamorfosea por cuenta de la moda terminológica: queda reducido a la simple reseña, a la opinión surgida en un momento de “iluminación”, al informe científico plagado de retórica para especialistas. Acaso la difícil definición del concepto haya abierto la puerta para su desfiguramiento.

Desde el libro del profesor Vásquez Rodríguez nos podemos acercar a una concepción un poco más cercana a este género y, de paso, llegar a ciertas conclusiones: primero, por ser una expresión bisagra entre lo científico y lo literario y que requiere de un conocimiento del tema tanto como de un manejo versátil del lenguaje, es casi imposible exigir un ensayo a un joven de la escuela Secundaria y mucho menos en Primaria.

Segundo, por su carácter literario, un ensayo es mucho más atractivo que un informe científico pero en ocasiones, y si no se es consciente de ello –y ahí se encuentra el peligro- la especulación puede ser imprecisa o repetir lo que ya desde la investigación académica se ha dicho.

Además de invitar a sacar nuestras propias conclusiones, los textos que conforman el libro Pregúntele al ensayista están bien escritos y tratan de acercarse al fenómeno con diferentes tipologías textuales: desde el diálogo entre dos estudiantes, hasta una entrevista (ficticia) al ensayista –de ahí el título del libro- pasando por la construcción de un texto con base en una metáfora (un combate entre el escritor y la página)

Pese a esta variedad, en ocasiones las ideas se tornan reiterativas: los tres primeros textos, por ejemplo, vuelven con algunas variables a las mismas referencias bibliográficas, y similares concepciones sobre el ensayo. Lo mismo sucede con dos listas de conectores, una organizada por orden alfabético y la otra por criterios de funcionalidad, que pudieron haberse fundido en una sola. El texto “El bazar de Montaigne” -ubicado hacia el final del volumen- contiene una serie de citas extraídas de algunos de los ensayos que están en el libro, por lo que otra vez siente uno que no está avanzando en nuevos caminos. Tal vez la intención es precisamente explicitar que en el Ensayo hay diferentes maneras de expresión aunque se sugieran las mismas ideas.

Obviando esa reiteración, que puede llegar a agotar al lector, el libro es una buena fuente de consulta para quienes quieran llegar a la cuestión del Ensayo desde una propuesta académica. Es verdad que conceptualizar sobre una tipología textual es sumergirse en un verdadero laberinto (hay quienes, por ejemplo y a diferencia de la propuesta del profesor Vásquez, hablan de ensayo literario y de ensayo científico) y que una persona no se hace ensayista con indicaciones y sólo en el ejercicio constante con la palabra adquiere experticia. Pero no está demás tener argumentos y observar modelos de escritura. Para docentes y estudiantes es lo más adecuado.

Leonardo Monroy Zuluaga

Ficha del libro: Vásquez Rodríguez, Fernando. Pregúntele al Ensayista. Bogotá: Kimpres, 2009 (2004)

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